El autor da inicio a su escrito con la distinción de cuatro tipos de culpa, los cuales enumera como: la culpa criminal, la culpa política, la culpa moral y la culpa metafísica. Dicha división implica el esclarecimiento del sentido de los reproches ya que, por ejemplo, la culpa criminal conlleva un castigo; la culpa política, una responsabilidad; la culpa moral, el arrepentimiento y la renovación; y, la culpa metafísica, una transformación de la consciencia de sí humana ante Dios.
Abarcando estos cuatro tipos de culpa, de todas maneras, el autor entiende que las acusaciones que se reciban en consecuencia pueden ser tanto de afuera (del mundo) o de adentro (de la propia alma). En el caso de la primera, se deberá analizar quién tiene el derecho a juzgar y cuenta con las atribuciones necesarias para llevar adelante dicha conducta, mientras que en el segundo caso, no existe tribunal alguno sobre la tierra que deba ser conocido.
A su vez, el acusado tiene el derecho a una defensa, y se exponen varios tipos en los cuales ésta puede materializarse, ya que el acusado puede exigir una diferenciación; puede aportar, subrayar y comparar circunstancias; puede apelar al derecho natural, a los derechos humanos y al derecho internacional público; puede mostrar dónde la acusación no se conduce ya conforme a la verdad, son que es utilizada como un arma al servicio de otros fines; puede defenderse mediante una recusación del juez, o también mediante una contraacusación.
Posteriormente, el autor vincula el asunto de la culpa a la acusación dirigida contra los alemanes por parte de los vencedores y del mundo entero, y como dicha culpa genera una opinión mundial perjudicial. Es por eso que se dedica a diferenciar a Alemania de los alemanes acusados individualmente como criminales, fundamentalmente todos los dirigentes del régimen nazi.
Lo dicho previamente no exime a cada alemán de los cuatro tipos de culpa previamente mencionados, por lo que el autor concluye que, en primer lugar, cada alemán tiene parte de responsabilidad política y, por ello, tiene que contribuir a las reparaciones legalmente establecidas. En segundo lugar, una muy pequeña minoría de alemanes tiene que sufrir castigo por los crímenes y otra minoría tiene que pagar por las actividades nacionalsocialistas. En tercer lugar, casi cada alemán tiene motivos para llevar a cabo un autoexamen por razones de orden moral. Por último, en cuarto lugar, casi cada alemán que tiene capacidad para la comprensión transforma su conciencia de la realidad y su conciencia de sí en el curso de la experiencia metafísica de tales desgracias.
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