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domingo, 10 de abril de 2022

Discurso anarquista: Pietro Gori

     Bajo los títulos de abogado, escritor y anarquista italiano, Pietro Gori defendió ante el Tribunal de Génova, en 1894, a un grupo heterogéneo de individuos unidos en un mismo banquillo en función de la acusación de haber profesado principios anarquistas.

    Dicho conjunto abarcaba en su núcleo características dicotómicas, las cuales referían tanto a un integrado de burgueses que habían renunciado a sus privilegios y prejuicios de clase, como así también a un colectivo de trabajadores y obreros motivados por la búsqueda del derecho a pensar en voz alta.

    El anarquismo, entendido como filosofía de pensamiento, pareciera desconocer de grietas, prejuicios de clase, cunas de oro y pobreza. 

    El delito mediante el cual se acusaba a la defensa, según sostenía el propio Gori en un ferviente discurso motivado por sus propias convicciones y el hecho de encontrarse con caras amigas en el banquillo de los acusados, era inexistente, ya que se debía interpretar la libertad de expresión no sólo como una herramienta para pensar, sino también como un medio de propagar y defender el pensamiento. Es por eso que el abogado llegó a denominar tal eventualidad como un “proceso a la intención”, en el cual la condena pretendía recaer sobre las probabilidades del cometimiento de un delito, adelantándose a hechos que aún no habían ocurrido. Esto, según explicaba, es fruto de la generalización y la intención por parte del sistema judicial de hacer pagar a todos por profesar las mismas ideas que una minoría violenta y sangrienta.

    Otro punto relevante que surge del discurso y análisis del juicio conlleva directamente al cuestionamiento acerca de por qué algunos sectores de la sociedad, en particular aquellos hombres que trabajan y producen, así como los obreros y trabajadores del banquillo de la defensa, se encuentran excluidos, mediante una barrera aparentemente moral y cultural, de la posibilidad de enfocarse en cuestiones elevadas, tales como el discurso anarquista.

    Desde aquel tipo de subestimación hacia la capacidad de determinados grupos sociales de participar de análisis reservados únicamente a los filósofos y doctrinarios, pareciera yacer el eterno círculo de sumisión de esas clases, destinándolos a no aspirar a días mejores en sus sacrificadas vidas.

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