Foucault inicia el desarrollo de su texto exponiendo cómo la filosofía y el pensamiento occidental se han dedicado en gran parte a criticar el concepto de la razón.
A pesar de que en un comienzo, particularmente en la Ilustración, se buscó incrementar el poder de la razón, el cuestionamiento acerca de sus límites se volvió el centro de análisis ya que, según el autor, la relación entre la racionalización y los abusos del poder político es evidente.
De todas maneras, encuentra un rol difícil el de juzgar a la razón y analizarse, por lo que define tres pautas para llevar adelante su estudio. En primer lugar, propone analizar la racionalización desde diferentes ámbitos y no como un todo. Por otro lado, considera peligroso el término de racionalización, por lo que se debe especificar a qué tipo de racionalidad se recurre y no tratarla como un único concepto. Por último, dispone que deba apelarse a épocas mucho más lejanas en la historia que la del movimiento de la Ilustración.
Es por eso que comienza explicando lo que él considera como “el origen de la modalidad pastoral del poder”, como adjetivo de un Estado cuya política remite a un poder centralizado y centralizador. Dicha modalidad se origina bajo la idea de la divinidad, el rey o el jefe como pastor, y esto surge de las sociedades orientales antiguas, en Egipto, Asiria y Judea.
Posteriormente, el autor expone algunos aspectos referidos a la evolución pastoral:
En primer lugar, se comienza a establecer, en el cristianismo, un lazo entre el pastor y cada oveja de su rebaño, en donde el pecado de la oveja es también imputable al pastor, que deberá responder el día del último juicio o el juicio final. Por el contrario, al ayudar a alcanzar la salvación a su rebaño el pastor alcanza también la suya.
En segundo lugar, el cristianismo modifica la concepción de la relación entre el pastor y sus ovejas a una relación de dependencia individual y completa.
El tercer cambio consiste en que el apostolado cristiano supone una forma particular de conocimiento en el cual se individualiza, ya que no basta con saber en qué estado se encuentre el rebaño, sino que además es necesario conocer el de cada oveja.
Posteriormente, Foucault da un salto en el tiempo y avanza a lo que el describe como otro episodio que ha jugado una importante función en la historia del gobierno “de los individuos en función de su propia verdad”. Para esto, se remonta a la formación del Estado en el sentido moderno del término, el cual se opone al modelo que adopta a Dios como gobernador y remite a principios susceptibles de guiar un gobierno práctico, lo cual deriva en, según el autor, un escándalo religioso, explicando por qué la razón de Estado fue asimilada al ateísmo. En conclusión, esta evolución del pensamiento conlleva a interpretar la razón de Estado como un gobierno cuyo objetivo consiste en incrementar el poder en un marco extensivo y competitivo.
Teniendo en cuenta esta evolución, Foucault concluye en que la liberación no puede venir del ataque a cualquiera de estos modelos, sino del ataque a las raíces mismas de la racionalidad política.

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