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martes, 12 de abril de 2022

"El mal o el drama de la libertad" de Rüdiger Safranski

     El trabajo ofrecido por Safranski enarbola un análisis que, además de acaparar en parte los aspectos vinculados a la figura de Adolf Hitler desde su historia previa al ascenso al poder y su trayecto en lo más alto de sus funciones militares, también adapta a su desarrollo las polémicas afirmaciones que se sumergen en lo intrínseco de la moral humana, investigando en profundidad el sustento de la misma y hasta poniendo en tela de juicio la validez de su fundamento. 


    Es aquí que entra en juego el factor de la atracción y persuasión como elementos fundamentales de los “impulsos oscuros de la historia”, ya que en carencia de estos, figuras como Hitler no habrían logrado poseer la exorbitante cantidad de seguidores embelesados por sus discursos firmes y llenos de furor. En el texto se alude a este asunto desde diversas explicaciones, y una de ellas hace referencia a la consideración sobre lo “demoníaco” a la cual alude Goethe en Poesía y Verdad, quien afirma, a su vez, que dicho factor fue incluso más fuerte que “las fuerzas morales unidas”. 

Siguiendo el mismo hilo de análisis, también se hace referencia en el texto a lo que E.T.A. Hoffmann define como “magnetizador”, ofreciendo a fin de cuentas otra denominación de la misma naturaleza, ya que se puede interpretar que el corazón de los adjetivos previamente mencionados desemboca siempre en las cualidades de la atracción y la persuasión. 

Es Harry Mulish quien trae a colación un elemento más controversial que, hasta en cierta medida, pareciera distribuir la responsabilidad alegada a Hitler sobre toda una sociedad bajo la manifestación de que aquellas ideas que el tirano decidió llevar a la práctica yacían previamente en la mente de sus seguidores. Este elemento se grafica mediante las “imágenes” que prevalecían en el interior de la gente antes, sumidas en la oscuridad y esperando que alguien las sacara a la luz.

Todo este proyecto de aniquilación se tomó en la sociedad hitleriana como un “proyecto moderno”, según menciona el autor, donde se suplanta la moral por la razón y la objetividad. La “organización y el sistema” sustituyó el “mero fenómeno sentimental” para así “extirpar la tuberculosis racial de los pueblos”. Aquel proceder sistemático no era más de lo que posteriormente se conoció como el delito de genocidio, pero se pudo en su momento disfrazarlo mediante el concepto de conciencia y responsabilidad social. Es aquí que se menciona por primera vez en el texto el interesante concepto de la “moral atrofiada”, llevando a cabo el “exonerar al individuo de reflexiones morales y transformar el delito en un proceso de trabajo que, en definitiva, puede realizarse como una costumbre”.  A esto se lo puede complementar con el discurso de Himmler, en el cual afirmó frente a miembros de grupos de asalto de las SS que dicha actividad no carecía de decencia y constituía una “página gloriosa en la historia”

Por otra parte, el autor hace referencia a lo “espantoso” que resulta admitir que algunas de las premisas demenciales de Hitler se veían sustentadas por una lógica implacable mediante la cual desarrolló un sistema entero y una estrategia de acción, como su afirmación de que “la naturaleza es cruel”, por lo cual él y sus seguidores no se encontraban exentos de serlo para evitar el “ocaso” de la humanidad.

Lo estipulado en el párrafo anterior deriva en lo que el autor denomina como “política biológica” adoptada por dicho régimen hitleriano, transportándonos a un concepto moderno de “bio-fascismo”, el cual no carece de un sustento morboso y perturbador.

    Resulta insoslayable, para complementar lo dicho previamente, citar en concordancia con el autor del texto lo dicho por Rauschning, aludiendo a las conversaciones que mantuvo con Hitler: “Estamos ante una tremenda transformación de los conceptos morales y de la orientación espiritual del hombre. (…) La conciencia es un invento judío”

Como último factor a destacar y retomando el comienzo de esta breve reseña o análisis, surge nuevamente la figura de la imaginación como elemento oculto dentro de la sociedad, llevado a la superficie únicamente gracias a la aparición de un ser carismático y movilizador. ¿Implica esto que aquella característica “demoníaca” yace no sólo en un individuo particular digno de todo nuestro reproche y desprecio, sino en toda una sociedad oculta en las sombras, en busca de alguien a quien seguir para transformar aquella imaginación en realidad? 

Resulta interesante finalizar este trabajo aludiendo a las últimas reflexiones mencionadas por el autor, en las cuales se pone a disposición de su análisis la idea de que tal vez, como sociedad, nos hace falta, así como algunos creemos en Dios, también creer en el hombre.


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